miércoles, 23 de abril de 2008

Los bocatas de mi abuela.


Hoy la memoria ha vuelto a retroceder algunos años, quizá me este volviendo viejo y los recuerdos añejos sean los más expontáneos. No se a que se debe mi afición a poner un pie delante de otro de forma alternativa y rápidamente, sin embargo, quizá esto pueda deberse a la costumbre de mi abuela de hacerme ir a comprar chocolate a aquella tienda de ultramarinos que se encontraba calle abajo.

El afan por devorar el manjar de hidratos y glucosa que me esperaba tras el recado, era lo suficientemente motivador para que recorriera aquella calle empinada lo más rápidamente posible, evitando a los transeuntes que, sorprendidos, volvían la cabeza para intentar averiguar quien les había desplazado en su paseo tranquilo y armonioso.

Mi abuela me esperaba en la cocina con un pan blanco, casero, con mucha miga, y en el introducia una onza de chocolate bastante respetable, la cual me producia un placer infantil indescriptible. Mientras, mi corazón , aún palpitaba de forma acelerada trás el efecto de la emocionante carrera y la degustación de tal merienda no hacía sino acrecentar dichos latidos.

Después, salía, a la calle a simular ser un coche rápido y recuerdo, que por aquella época ya empezaba la costumbre de tratar de medir el tiempo que tardaba en recorrer la distintas distancias entre una boca de alcantarilla y la siguiente. Supongo que aquellos fueron mis primeros entrenos inconscientes y el bocata de chocolate, parecía ser la suplementación extraordinaria que me permitía resistir el resto de la tarde realizando tal actividad.

Hoy mi abuela ya no esta, se fue hace algún tiempo, pero por algún misterio o coincidencia de la vida, mientras rodaba, he vuelto a recordar su imágen trayéndome aquel delicioso bocata y por algún cauce placebo, o quizá, una vez más motivador, mi ritmo se ha ido incrementando poco a poco, acabando el entreno con una sensación fabulosa, como aquellas tardes, donde batía récords y récords de alcantarilla a alcantarilla, gracias a la energía, que supongo me daba mi abuela en aquellos bocatas de chocolate.

1 comentario:

Manuel Díaz dijo...

Bonito relato para conmemorar este 23 de abril, día del libro.
Pues me parece muy bien que con el bocata de chocolate recuperes las energía perdidas.
¡Ah¡ aquellas memorables abuelas, ¿dónde andarán?
Un saludo